SUPERACIÓN

Lucina Garrido Fernández, alumna de Secretariado, CFGS – Tercer Premio

  

Superación (s/f.): acción de superar o superarse; hecho de rebasar un límite o una marca; vencimiento de un obstáculo o de una dificultad; perfeccionamiento o mejora de una persona; mejora de las propias cualidades o actividad. Sinónimos: ventaja, dominio, superioridad, adelanto, evolución, progreso, avance.

 

Superación desde antes de nuestro nacimiento, cuándo en una sola carrera se decide quién y cómo seremos. Primeros pasos: tropiezas y solo necesitas unas palabras de ánimo para seguir caminando; superas el primer día de colegio, con el pensamiento de que tu madre se quedará en la puerta esperando; se supera el primer desamor, aunque pienses que ya no saldrá más el sol, una caja de pañuelos suele ser bastante.

 

Nacemos con la esperanza de crecer. Crecemos con la esperanza de ser felices y caminar  sobre una alfombra de rosas recién cortadas, pero en algún punto de ese camino hay espinas afiladas, que te obligan a detenerte o a continuar descalzo.

 

Yo nací princesa y, durante mucho tiempo, llegué a ser reina, reina de la casa, de la belleza, de las fiestas y hasta reina de corazones. Pero un buen día la corona ya no estaba, me convertí en “Cenicienta” pero sin hada… Limpiaba y barría mi casita, como “La Ratita Presumida”; cuidaba de mis hijos, como “Blanca Nieves a sus siete enanitos”” y soñaba con que, algún día, un príncipe me besara. También escribía y eso me daba alas, aunque con cada letra ahogara una lagrima.

 

Tienes un sueño. Te pones de puntillas porque está muy lejos. Estiras la mano para tocarlo. Tus dedos lo están rozando y eres feliz. Aunque sea tan sólo en ese fugaz instante, sopla el viento y temes perderlo. Luchas contra los elementos pero, en el último intento, lo atas a tus entrañas con un nudo marinero.

 

Nuestra cabeza está llena de ellos, de colores, de sabores, grandes y pequeños, lejanos y cercanos, pero es el corazón el que bombea más deprisa, cada vez que pensamos en ellos.

Hace algún tiempo escribí este verso, hecho desde dentro, en un lienzo de 1 x 2 metros. Lo tengo colgado a los pies de mi cama. Siempre digo que es una declaración de intenciones; que si yo lo leo, siento que lo escribieron  para mí y a la inversa. Todas las noches lo miro y pienso: ¡que bonitas palabras! ¡Que pena que solo  se han quedado en eso!

 

Si ves que tu espíritu flaquea

y no encuentras motivo

para seguir en el camino

posa tus ojos en mí

y solo por decir lo que pienso

podrás oír el más bello pensamiento.

 

Decirte que tus proyectos

forman parte de mis desafíos

y lucharé por ellos

como si fueran míos

porque sé como hacerlo.

 

Hacerte saber que tus ilusiones

son también las mías

las haré realidad

porque escucho tu voz

aunque estén las palabras dormidas.

 

Recordarte que mi vida

corre al ritmo de la tuya

así que no evites mi mirada

ni misa ganas de ver una sonrisa

en tu cara dibujada.

 

Y es que cada sueño

tuyo cumplido

es el torrente que alimenta

el deseo de seguir soñando

con realizar los míos.

 

De mí para ti

y de ti para mí.

 

Superación es lo que me hace levantarme cada mañana, intentando pisar con el pie derecho, después de haber cosido la noche con el alba. Dame unas cuantas páginas en blanco, que ahora con un poco de color, te dibujaré otra historia.

Vivimos en un universo de sentimientos. No sólo hay que creer en algo firmemente para conseguirlo, hay que sentirlo. No hay que ver toda la escalera, basta con que subas el primer peldaño. No volver a dejar entrar en tu vida al NO PUEDO. Volver a dar un beso cuando te vuelvan la cara; seguir creciendo sin el apoyo de la persona amada; sembrar y sembrar aunque no se recoja nada; levantarte siete veces como las siete que tropezaras y siempre luchar hasta con las fuerzas que te faltan.

 

 

Ahora soy hija, madre y hasta soy abuela. También soy esposa y como no, amiga. Dentro de poco cumpliré 40 años y, como veis,  he vuelto a estudiar. Sé que mi historia puede parecer una entre tantas otras: mujer que antepone su familia al trabajo, por propia voluntad, o quizás no tanta y que cuándo quiere gritar al mundo que es persona, se siente sola y sólo oye: las camisas no están planchadas; la comida está sosa. Cierro mis oídos para que no  entre el viento, respiro hondo y levanto los ojos mirando al firmamento, porque sé que una estrella lleva mi nombre y estoy dispuesta a cogerla

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