Pongamos a dieta lo público



Por Antonio Lamadrid, economista y consultor

 

Antonio Lamadrid escribe una Tribuna para el Diario Montañés en la que recoge datos muy relevantes sobre el estado de la situación económica en España y en Cantabria. Decroly Digital publica este trabajo por cortesía del autor

 

“El pasado mes se presentó en sociedad el segundo ‘Índice de libertad económica en las Comunidades Autónomas 2011′, elaborado por profesores de la Universidad antonio-lamadridComplutense de Madrid. El estudio mide el grado de intervencionismo de las administraciones públicas en las distintas regiones de España y abarca doce aspectos de la vida ciudadana. No tuvo demasiada repercusión y, si usted me lo permite, quisiera hacer algunos comentarios al respecto.

 

Partiendo de la base de la independencia de los autores del estudio, hay algunos datos que son muy relevantes: Madrid vuelve a ser la región con el mejor índice nacional, Cataluña desciende cuatro puestos y se sitúa en décima posición, y Andalucía en penúltimo lugar con un peso de la administración en la economía regional sólo superado por Extremadura. Y Cantabria, ¿cómo está en el ranking? Pues somos los undécimos, recordemos, de diecisiete comunidades autónomas. El sector público es demasiado fuerte en nuestra región, es una carga demasiado pesada sobre nuestra maltrecha economía. Desde que comenzó la crisis Cantabria ha destruido 25.700 empleos privados y ha creado 4.300 empleos públicos (informe Agett del mes de mayo) y este hecho, a todas luces incomprensible, es caro y costoso social y económicamente para toda la ciudadanía.

 

Cantabria es la novena Comunidad en el epígrafe del Gasto o en el Esfuerzo Fiscal, somos quintos en Sanidad o sextos en Medio Ambiente y excepcionalmente los segundos en Deuda (pero por cómo está creciendo en los últimos meses no podemos confiarnos en este sentido). De los doce epígrafes no somos los mejores en nada (el País Vasco o Madrid lo son en tres de ellos). Lo problemático: nuestra región es la duodécima en Comercio, la décima en Educación, la decimocuarta en Vivienda, la decimotercera en peso del Empleo Público. Y el premio nos lo ganamos siendo los últimos en Impuestos que, como a buen entendedor pocos números bastan, «quizá» esté relacionado con el reducido nivel de Deuda que tenemos. El panorama, por tanto, no es muy alentador pero como soy un firme creyente en el valor de las gentes de mi tierra y en que el primer paso para resolver algo es el de reconocerlo… Reconozcamos nuestra mala gestión del ratio público-privado y pongámonos manos a la obra en bien de todos.

 

Está claro que la locomotora española en los últimos años está siendo Madrid. ¿Tendrá esto algo que ver con el aligeramiento de la carga pública en esta Comunidad? Nadie duda de que hay excelentes gestores en el campo de lo público pero si se jugara un partido de fútbol sobre la eficiencia económica ¿quién ganaría? ¿Estoy en contra de lo público? No, rotundamente no; estoy a favor de seiscientos mil cántabros, de todos, para que todos tengamos más garantías de prosperidad.

O ponemos a dieta nuestro sector público, nuestras empresas públicas no eficientes, los excesos regulatorios y la merma en la competitividad o los michelines del déficit y de la falta de estímulos a la inversión privada van a instalarse en nuestros pesados cuerpos públicos.

 

Usted, yo, todos, queremos que nuestros impuestos sirvan para proteger los derechos elementales de los más desfavorecidos, para garantizar las infraestructuras, la sanidad o la educación, entre otras cosas. Pero en todo lo demás y en todos los capítulos anteriores en donde se pueda aplicar el criterio de la máxima eficiencia, sabiendo que si no soy un buen gestor el mercado me echa fuera, que así lo hagamos. Siempre hay excepciones, claro está, pero la regla general es la que impera y en ella debemos basar nuestras decisiones; lo uno sin lo otro no tiene sentido pero qué mejor que a cada cual lo suyo”.

 




 

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