Decroly “navega” a velocidad de crucero

La era digital ha cogido a la mayor parte de los “inmigrantes digitales” –denominación acuñada por Marc Prensky en su artículo On the horizon, en 2001, al referirse a los profesionales docentes- con el pie cambiado

 

Primero fueron los ordenadores, internet, redes sociales,… ahora son los dispositivos móviles los que invaden la vida de los ciudadanos, particularmente la de los más1-fjm jóvenes. En una primera instancia, muchos docentes recibieron la llegada de las computadoras con un cierto grado de escepticismo, argumentando que convertirían a los estudiantes en iletrados, eso sí, con habilidades en el uso de los teclados. Aunque parezca increíble, todavía hoy en día se alzan voces entre un significativo número de profesores –aquellos comprendidos en una horquilla de edad 45-65 años principalmente, en mi opinión- que se resisten a reconocer el impacto positivo de la tecnología en la ciudadanía y en la educación.

 

Actualmente, en España y Cantabria, prácticamente la totalidad del alumnado de todos los niveles educativos tiene acceso al ordenador y a internet en sus centros escolares respectivos, sean de titularidad pública o privada. En este sentido, según un estudio de la Fundación Santillana en el que analiza la brecha de la alfabetización digital, las resistencias que oponen aquellos docentes en los claustros obedecen a intereses inmovilistas más que a una razón objetiva. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el 93% de los estudiantes se encuentran escolarizados en centros en los que tienen acceso a un ordenador y, en similar porcentaje, a internet. En Cantabria, también.

 

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El presidente del Grupo Santillana y director de la XXVI Semana Monográfica de la Educación, Emiliano Martínez, celebrada el pasado mes de noviembre, en la que se analizó el modelo de incorporación de los centros a la denominada Escuela 2.0 afirmó: “Es inevitable añadir tecnologías a las clases, porque así funciona el mundo que nos rodea. De hecho, la única manera de que la velocidad del cambio no nos arrastre es saber manejar las herramientas digitales“.

 

Durante la citada XXVI Semana Monográfica de la Educación hubo intervenciones de profesionales docentes de distinto cariz. Eso sí, todos reconocieron suficientes 2-nativos-digitaleslas dotaciones de los centros PÚBLICOS, si bien el rendimiento, en forma de resultados, se reconoce muy desigual. Muchas de las razones expuestas no requieren argumentación alguna, como “Los alumnos están muchas veces más formados que sus maestros“. Además, no parece que algunos profesores se encuentren especialmente motivados por su formación en tecnología de la información y de las comunicaciones (TIC) aplicadas a la educación y por su necesaria recualificación metodológica para atender las demandas de alumnos “nativos digitales”, distintos a los del pasado siglo XX.

 

En Decroly, su equipo directivo ha asumido siempre la cultura corporativa emanada desde la titularidad incorporando, curso tras curso, estrategias que nos permitan viajar –acéptese la metáfora-, si no en quinta velocidad, al menos en “directa”. A título de ejemplo me interesa recordar, de soslayo, la firme determinación de la titularidad en materia de incorporación de equipamientos, a través de inversiones cuantiosas, ajenas casi siempre a la financiación pública de Decroly por su condición de centro concertado. Ahora, la mayor parte de las aulas se encuentran equipadas con ordenadores, pizarras digitales, videoproyectores, acceso a internet,… y los profesores disponen de un portátil proporcionado por el centro.

 

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Poco a poco, además, desde la dirección del centro, se ha posibilitado a todos sus profesionales docentes participar en un plan de formación permanente para atender las exigentes demandas de esa Escuela 2.0 de la que nos sentimos parte activa. Los recursos, siempre mejorables, se me antojan suficientes y la motivación del profesorado por posicionarse en “velocidad de crucero” forma parte de la irrenunciable cultura corporativa de Decroly. El pragmatismo que practicamos, sitúa a cada uno en su sitio. ¡No tenemos todos el mismo coche, ni conducimos a la misma velocidad! Pero todos hemos de llegar a la meta. Circulamos a nuestro ritmo, sin obviar que ha de acompasarse, al menos, en consonancia con el de las demandas sociales y de los estudiantes que confiaron en Decroly y en su modelo educativo.

 

La Escuela 2.0 es una realidad en Decroly. La alfabetización informática y su aplicación a la práctica profesional cotidiana de los docentes no admite excusa alguna. El tiempo pasa y hemos asimilado la realidad que nos ha tocado vivir. Ahora solo queda, obrar en consecuencia, siguiendo patrones de excelencia, de mejora continua. Hoy, más que nunca, emulamos aquella sabia frase de Marco Tulio Cicerón “Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria.”

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