Obsolescencia programada: ¿solución o problema?

Por Raquel Colina Sainz, alumna de Secretariado

El otro día me compré el último modelo de E-Phone, después de estar meses ahorrando, y me acaban de contar que ya planean la nueva generación, y me quedo pensando ¿Alguna vez podré estar a la última?

¿Cuántas veces hemos oído la frase “Las cosas hoy en día no se hacen para durar”? La obsolescencia programada es algo que se ha instaurado en nuestra socieraquel-colina-sec-puesto-8c2ba1dad de consumo, aunque pueda parecer un término extraño, en realidad es algo con lo que convivimos a diario, cuando hablamos de obsolescencia programada o planificada, estamos hablando de la tecnología que caduca cada cierto tiempo para forzar al consumidor a comprar el último modelo del mercado. 

También está muy relacionada con las modas en la sociedad actual, en un mundo donde vales lo que tienes; marca la diferencia el tener el último modelo de teléfono o MP3.

 Desde el punto de vista de los fabricantes, no sale rentable el fabricar un producto que dure años sin averías, ya que todo se ralentizaría, e incluso podría llegar al punto de pararse la industria en seco. Hay casos demostrables de consumibles que pueden perdurar a lo largo de los años sin averiarse; a modo de ejemplo existe una bombilla que funciona en un cuartel de bomberos de EE.UU. desde el año 1901, en el transcurso que se ha filmado esa bombilla se han tenido que cambiar dos cámaras web. El caso de las bombillas viene de lejos, ya que en 1924 hubo un acuerdo entre Phillips, Osram y General Electric para pactar que la vida de las bombillas no superase las 1000 horas de funcionamiento, este acuerdo se llamó el Cartel de Phoebus (término muy adecuado, ya que en latín la palabra “Phoebus” quiere decir “el que brilla”).

Las actuaciones del “Cartel Phoebus” fueron las predecesoras del diseño de tecnología avocada al fallo; y fue en 1929 con el “crack” de la bolsa de EE.UU. que el término obsolescencia programada aparecía por escrito como solución a la recesión que había sufrido el país, pero pasó inadvertida hasta los años 50, en la que el concepto de “moda” se unió a la ecuación del consumismo; siendo el momento preciso en el que nació una sociedad que nunca tendría bastante, no porque las personas tuvieran esa predisposición, sino porque habían sido convencidas de ello durante años.

Si hay una empresa que sabe cómo explotar la seducción del consumir, esa es Apple, a través de sus diseños simples y una campaña de marketing muy estudiada; aunque es una compañía americana, cuya distribución está más extendida en EE.UU., lleva unos años ganando fuerza en Europa.

Por un lado esta práctica está pensada para que el mercado se mantenga en movimiento, ya que al haber más gastos de producción se crean empleos, y las fábricas se mantienen en constante funcionamiento, pero nadie se ha parado a pensar dónde termina todo lo que desechamos por que ya ha caducado tecnológicamente, como dice la frase “Ojos que no ven corazón que no siente”; los tristes “beneficiados” de esta práctica son países de tercer mundo, en cuyos parajes donde antes había campos de cultivo y ríos, ahora sólo hay montañas de desechos informáticos, electrodomésticos, etc. Y es en este panorama en el que crecen los niños, y a la larga su trabajo se convierte en eso, recoger desechos para las plantas de reciclaje y así ganarse la vida.

En resumen, la industria está creada para que necesitemos cambiar cada pocos años nuestros útiles, y a pesar de que haya pocas personas que no vean necesario el comprar por comprar, la gran mayoría seguirá avocada a lo que las empresas han creado.

 

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