La guerra del opio

Por Álvaro Gonzalo, alumno de Gestión Comercial y Marketing

 

Un coche de alta gama cruza en silencio una ciudad desierta. Los brillos tienen precisión matemática, los colores profundidad poética y las personas felicidad hipnótica. Esta dosis de 20 segundos simboliza el éxito, el orgullo y la exclusividad

 

Valores que deseamos pero que no tendremos y por los que no lucharemos. La causa es que la publicidad ha sedado nuestro espíritu, adormecido nuestra conciencia y desanimado nuestra respuesta.

 

Esta ceguera tiene como consecuencia una sociedad en donde hay un ejército de parados, agazapados en una trinchera de miedo y pasividad. Daños colaterales del capital, esperando un fogonazo enemigo para dar la señal de ataque,  destello que no se producirá puesto que esto es una guerra fría y su ataque llegó hace tiempo.

 

Solo vemos sus víctimas, pero no a manos de verdugos sino de héroes. Nos dicen que no perdemos un pie sino que salvamos una pierna. Nos repiten que la causa es justa, urgente y necesaria pero la corrupción de la moral, la perversión de la justicia y la violación de la verdad quedan impunes.

 

Los castigos recaen sobre nosotros. La juventud actual somos una generación perdida. Nuestros mejores años y nuestros más grandes esfuerzos no tendrán el premio del éxito. No conduciremos coches caros, no viviremos en áticos de lujo y no pasaremos vacaciones en lugares paradisiacos.

 

Las promesas de felicidad jugando con nuestros recuerdos de la infancia, las del sexo despertando nuestros impulsos y las del éxito manipulando nuestros valores, han sido enterradas sin honores.

 

¿Y qué hacemos? permanecemos inmóviles, lisiados y asumiendo con una sonrisa los errores que otros cometieron.

 

El sueño de la razón produce monstruos. No contra nosotros sino contra los que monopolizan el ideal de la conciencia. Acabar con el razonamiento es su arma más poderosa. Infantilizar la mente nos vuelve dóciles, simplificar el trabajo nos vuelve idiotas y acotar nuestros sueños nos crea una falsa felicidad.  

 

El eje de su mentira es el defecto humano más horrible, el egoísmo. Según el cual articulan una sociedad  individualista y clasista. Donde la hambruna de la mayoría nutre la gula de la minoría.

 

Este sistema ha funcionado mientras que el humo era indicio de fuego, las migas de pan y la publicidad de realidad. Pero este sueño ha terminado. Es tiempo de cambiar,  de madurar y de evolucionar, no como individuos sino como sociedad.

No perdonemos que  las ganancias de unos pocos sean las pérdidas de muchos. No somos maniquíes que llevan su ropa, no somos animales que ceban con su comida, no somos números que fijan sus beneficios, somos personas que nacimos iguales y que lucharemos por morir iguales.

 

El camino que debemos emprender no está en sus mapas, no está señalado por sus brújulas y no esta guiado por sus falsos astros. Es un camino difícil, largo y confuso. Pero tenemos algo importante para emprender el viaje, tenemos un punto de partida del cual alejarnos y no caminamos solos puesto que nuestros pasos no son importantes para nosotros mismos sino para la humanidad.

 

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