Destinados a la libertad

Por María Medrano, alumna de 1º Sistemas Microinformáticos y Redes (5º premio)

 

La libertad de elegir es nuestra, y únicamente podremos ejercerla si nunca nos negamos a perder nuestros sueños

 

Cuántas veces nos hemos preguntado si nuestros actos son fruto de nuestro libre albedrío, o por el contrario están predeterminados por el destino. Si nuestros sueños son inalcanzables porque no hacemos el esfuerzo necesario para conseguirlos o simplemente no está escrito que se puedan alcanzar. En el primer caso esto querría decir que nuestras elecciones nos llevaron allí donde estamos y, por tanto, fuimos nosotros, y únicamente nosotros, los que podemos decidir nuestro futuro. Si por el contrario existe algo tan cruel como el destino y estamos condenados a vivir con esa cadena llamada predeterminación.

 

Nadie está preparado para hacerle frente al destino y mucho menos para creer en él, porque decir que el destino existe significa decir adiós a nuestros más preciados sueños. Que nuestras acciones no son más que fruto de un ser superior que juega con nuestros sentimientos y eso, por mucho que nos pese, no nos gusta.

  

Pudiera ser que incluso estando atados de esta manera a nuestros propios actos alguien quisiera decidir por sí mismo y en contra de lo que le dicta su naturaleza. ¿Enfrentarse al destino estaría incluido en dicho sino? Pues incluso así, existe la elección aunque dicha elección ya esté tomada con anterioridad, tú siempre puedes elegir. Esta libre elección nos deja un mínimo de libertad con la cual podríamos incluso hacer frente al cruel y fatal destino, tan implacable a veces.

 

Es en esos momentos en los que el pulso flojea y las fuerzas decaen cuando más fácilmente nos sometemos. Es en esos momentos, cuando el puño aprieta cuando decimos; que sea lo que dios quiera, pero no. Como hombres y mujeres libres debemos elegir siempre nuestro futuro. Es nuestro deber efectuar elecciones y nuestra obligación hacerlo siempre dando la espalda al destino. Porque lo que no puedes prever es lo que no está escrito, y si no está escrito, no existe.

 

Serán nuestras acciones y únicamente ellas las que hablen por nosotros y escriban nuestro futuro convirtiéndonos en dueños de nuestros propios sueños, pues son estos los que mueven el mundo y los que nos ayudan a tomar decisiones importantes en nuestra vida.

 

Desde hace años siempre se dijo que el clavo que sobresale es el que recibe el martillazo y esta verdad siempre ha mantenido oprimido a todo aquel que quisiera rebelarse, pero, ¿y si todos somos clavos que sobresalen? Si una persona se rebela contra el destino sería azotado por los látigos de aquel que dirigiera sus acciones, unos azotes y vuelves a la fila con el resto. Cuando todos desobedecen no basta con una par de azotes y esto sólo juega a favor de la rebeldía.

 

Puede ser una apuesta dura, todo o nada contra el destino, pero ¿qué sería la vida sin esas decisiones que te hacen temblar de emoción? ¿Acaso no es la vida en sí sentir todas esas emociones que, por otra parte, te hacen sentir vivo? No es el destino el que decide, somos nosotros los que forjamos nuestro porvenir y cumplimos nuestros sueños.

 

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