Fracking, fracking

El Gobierno de Cantabria por fin ha anunciado la tramitación de un anteproyecto de ley que prohíba en nuestra comunidad la técnica del fracking o explotación de gases no convencionales (de pizarra o gas de esquisto) mediante el sistema de fractura hidráulica

 

Dicha postura  tiene por objeto  oponerse a la aplicación de la normativa estatal en materia de hidrocarburos que ha permitido al Gobierno de España la concesión de seis autorizaciones para la investigación sobre la existencia de ese gas en varias comunidades (entre las que se encuentra Cantabria) y una más -concedida ya por el anterior Ejecutivo a una empresa- para el uso de esta técnica. La cuestión se ha resuelto haciendo uso de las competencias de nuestra comunidad en materia de  ordenación del territorio, urbanismo, salud pública y medio ambiente. Esperemos que este anteproyecto y los informes jurídicos y técnicos que lo apoyan tengan suficiente fundamento como para impedir al Estado, en uso de una competencia estatal, actuar en nuestra comunidad -no vaya a suceder lo mismo que con el plan eólico-. 

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Lo que no se entiende muy bien es, cómo se han podido conceder las mencionadas autorizaciones a la vista de los efectos sobre el medio ambiente y las personas que se derivan de esta explotación, y a pesar, además, de su escasa rentabilidad y estar cuestionadas por la Unión Europea –están expresamente prohibidas estas prácticas en países como Francia y en muchas ciudades de Estados Unidos después de haberse comprobado sus efectos nocivos-.

 

Los efectos resultantes del  fracking son los siguientes: 

 

1.    Contaminación de las aguas subterráneas o de los acuíferos, ya constatada en Estados Unidos, donde se han producido varios casos. Más del 25% de las sustancias químicas empleadas para la extracción pueden causar cáncer y mutaciones, el 37% pueden afectar al sistema endocrino, más del 50% causan daños en el sistema nervioso y casi el 40% provocan alergias (sensibilizantes). Estas sustancias tóxicas se liberan al aire o al agua (tanto de acuíferos como de  la superficie) y además de los daños sobre la salud, causan perjuicios sobre el medio ambiente: aproximadamente en más del 40%  de los  casos habrá daños ecológicos contra la vida acuática y otra fauna (según el estudio sobre el impacto de la extracción de gas pizarra, de la Universidad de Manchester, Tyndall Centre, organización de Reino Unido, formada por las Universidades de Oxford, Cambridge, Newcastle, Manchester, Sussex, East Anglia y Southampton, de enero de 2011).

2.    Contaminación en superficie, derivada de posibles derrames o filtraciones de los pozos de aprovisionamiento por cualquier motivo: inundaciones, error humano, capacidad limitada de almacenaje, vertido accidental durante su transporte y mezcla con el agua, etc.    

3.    Gestión de residuos. La perforación vertical de un pozo de 1 a 2 km de longitud, puede remover alrededor de 140m3 de tierra, tierra que queda contaminada por el empleo de productos químicos tóxicos sobre importantes cantidades de agua utilizada para la perforación, que al mezclarse, deberán ser  gestionados  posteriormente como residuos peligrosos.

4.    Uso excesivo de agua. El proceso requiere importantes cantidades de agua, para extraer la tierra durante la perforación y después en la inyección de agua con los productos químicos para provocar la fractura.

5.    Emisiones de gases de efecto invernadero, metano por ejemplo, lo que supone una importante contradicción ya que el fracking se ha  presentado como solución para rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero y resulta que entre un 3,6% y un 7,9% del metano -gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento 21 veces mayor que el CO2- de la producción de gas de pizarra se escapa a la atmósfera durante la vida útil de un pozo por lo que las emisiones indirectas de gases de efecto invernadero de entre 18g y 23g de CO2 son similares a las asociadas al uso del carbón (según informe del Parlamento Europeo, “Methane and the greenhouse-gas footprint of natural gas from shale formations” de marzo de 2011).

6.    Impactos derivados del ruido, impactos paisajísticos, etc.

 

Pero lo más llamativo es que no resulta rentable su extracción (balance energético) puesto que la relación entre la energía que se obtiene del combustible (mediante su combustión) y la que se utiliza para su extracción y procesamiento es menor que 1, lo que significa que se obtiene menos energía que la que se invierte.

 

La TRE (Tasa de Retorno Energético) del gas natural de pizarra es muy baja ya que la perforación a grandes profundidades y la inyección de agua a presión requieren mucha energía, mientras que el gas que se obtiene es escaso. Se estima que el gas natural de pizarra tiene una TRE de entre 2 y 5, mientras que el petróleo convencional tendría aproximadamente una tasa de 15, la energía eólica, de 18, la energía solar fotovoltaica, de 7, etc. Es decir, tiene una de las TRE más bajas de las tecnologías energéticas utilizadas.

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