La cosa está muy mal

Por María del Pilar Gómez Sánchez, alumna de ASIR2 (accésit)

 

Es muy fácil dejarse llevar por el pesimismo y la pasividad, lo difícil es hacer algo para cambiar las cosas

 

En estos tiempos difíciles el desaliento es nuestro pan de cada día. Hace cinco años salías a tomar un café en la terraza de un bar, y como mucho podían venir a venderte cupones o discos piratas, pero no mucho más. Sin embargo, hace una semana, fui a 07-Maria del Pilar Gómez Sáncheztomarme un café con mi madre, y en los 15 minutos que estuvimos pasaron 5 personas por nuestra mesa pidiendo limosna, alegando que sus hijos tenían hambre, que el banco les había quitado la casa, y cosas similares… Después, cuando volvíamos a casa, una señora nos pidió limosna para comprar leche a su hijo…

 

Y es que realmente “la cosa está muy mal”. Sin embargo, también es cierto que este es el momento de la solidaridad. Cada año en diciembre, se realiza un evento llamado “operación kilo”. Este evento consiste en hacer una colecta de alimentos de primera necesidad que luego se reparte a todo aquel que lo solicita y lo necesita. La colecta puede ser de puerta en puerta, con un punto de recogida, o incluso, como ha sido el caso este año en la parroquia “Santa María Reparadora”, haciendo un gran evento ofreciendo algo a cambio.

 

Este evento en cuestión contó con la actuación de dos grandes magos, dos coros y un grupo de teatro. Más de 100 personas se juntaron para hacer posible que no faltase de nada en la casa de todos estas navidades. A modo de “entrada” se solicitaba un kilo de cualquier alimento, un litro de aceite, o 1€.

 

Es un orgullo poder decir que recaudaron más de 500€ y el almacén en el que se guardaba la comida estaba completamente a rebosar. Esto lo hicieron posible un grupo de personas que no se resignan a ver como “la cosa está muy mal”, echar una lagrimita y a otra cosa mariposa. Esto lo lograron personas que realmente hacen algo para cambiar la situación.

 

Y claro, muchos diréis, “pero un mes al año no acaba con el hambre”, y es verdad, pero para eso tenemos los comedores sociales, los bancos de alimentos, los roperos… Hay muchos lugares donde cada día miles de personas aportan su granito de arena. Si todos los que nos gastamos algún eurillo de más, en tomar un café, en una camiseta que no necesitamos, o en cualquier tontería, destinamos ese euro a comprar un kilo de arroz y lo llevamos a un banco de alimentos, estaríamos ayudando a que una familia sin recursos tenga algo que llevarse a la boca.

 

Sé que es difícil de entender que un simple euro pueda cambiar en algo las cosas, pero estoy hablando de una conciencia social, si este artículo lo leen 50 personas, y de esas 50 al menos 20 deciden donar un euro y comprar un kilo de lentejas o un litro de aceite, partiendo de la base de que con un kilo de lentejas pueden comer 10 personas, que cada uno haga sus cálculos…

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Y no solo se puede ayudar con dinero, también hay opciones de voluntariado y cosas similares para todo aquel que tenga tiempo y ánimo para esto, informando sobre todas estas alternativas para el que lo necesita y el que tiene ganas de ayudar, y por supuesto, la mejor forma de ayudar, teniendo ideas y valor para luchar por ellas. Me remito de nuevo al evento que se organizó en las Reparadoras, eso partió de una idea… “Y si este año en lugar de pedir por las puertas, ¿les damos algo a cambio para que se animen a participar? Solidaridad más entretenimiento.” Fue esta idea la que hizo posible que se recaudase tanto, junto con la labor de los voluntarios que sin otra motivación que la solidaridad accedieron encantados a participar y sentar un precedente.

 

Me gustaría despedirme, agradeciendo a todos estos héroes anónimos su falta de pasividad y su voluntad por cambiar la situación, y mandando un mensaje de aliento a todo aquel que se siente impotente al ver “lo mal que está la cosa”.

 

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