Incondicional

Por Víctor José Contreras Echeverría, alumno de SMR1A (accésit)

 

Todo surgió así, un día cualquiera en el que salí a la calle… él se acercó a mí… no se encontraba bien, me pidió ayuda

 

Cuando le miré a los ojos sentí algo especial… y supe que desde ese mismo momento yo estaba en ese lugar porque el destino así lo había querido y com09-Víctor José Contreras Echeverría, SMR1Aprendí que debería hacer todo lo que estuviera en mi mano por hacerlo feliz. Así regresé a mi casa, pensando en él y deseando volver a verlo.

 

Pasaron los días y él seguía en mi cabeza. Hasta que llegó el día… nuestros caminos se volvieron a cruzar y él empezó a formar parte de mi vida. Mirarlo y saber que está bien es algo

que me llena y reconforta.

 

Sé que no estará conmigo siempre y su ausencia me dolerá, pero este sentimiento no podrá apagarse…. no sólo lo sé sino que lo siento cada vez que se acurruca a mi lado en el sofá y me

da todo su cariño después de un día duro.

 

Cuando le miro a los ojos me pregunto cómo fue posible que le hicieran tanto daño. Aprendo y comparto mis días con él… le quiero. Hace que me sienta bien. Ya no sufre, es feliz y yo lo soy con él. Soy su guardián y él es el mío.

 

¿Alguna vez os habéis sentido así? ¿Alguna vez sentisteis la necesidad de proteger, querer y amar? Yo ahora lo siento y este sentimiento me ha dado la fuerza para salir adelante ante las adversidades.

 

¿Por qué será? ¿Puede ser EL AMOR el motor de la vida?

 

El amor, qué palabra tan corta pero tan profunda. Este sentimiento lo cambia todo. El amor de verdad alimenta el alma y es algo que todos nosotros hemos sentido en algún momento de nuestra vida. Amor a nuestros padres, amigos, nuestra pareja e incluso nuestra mascota.

 

El amor nos mueve, está ahí y nunca se va, pues siempre nos quedará lo vivido. Y es que no hay nada más noble que un animal y King, mi gato, se ha convertido en una parte muy importante de mi vida.

 

¿Cómo alguien puede plantearse hacer daño a un ser así? Prefiero no pensarlo.

 

Cuando llegó a casa no fue fácil, le costó adaptarse. Supongo que dejó amigos en el camino y su llanto en las noches lo hacía evidente. Pero no cesé nunca en mi afán de hacerle sentir calor con mis caricias, reconfortando así en la medida de lo posible lo extraño de su nuevo hogar.

 

Cada día al llegar a casa, ya desde la ventana pareciera sentir o intuir mi llegada. Nos miramos

y me es imposible no sonreírle y llamarle. Corre a la puerta y mientras subo ya sé que me dará sus caricias de bienvenida entrelazándose con mis piernas, estirando su cuerpecito buscando mis manos.

 

Animo a todas las personas que lean este relato a que adopten una mascota. Saben agradecer lo que haces por ellos, lo dan todo por su dueño y te sentirás tan bien como me siento yo al tener a mi King, el rey de la casa.

 

Sólo sé que recibo mucho de un ser tan pequeño e intentaré ser capaz de darle tanto amor como el que recibo de él.

 

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