Hambre anoréxica

Por Coral Setién Lastra, alumna de GVEC 1º (4º Premio)

 

Me gusta su número de teléfono, tiene muchos tres y muchos cincos. Y también posee un siete, mi número de la suerte. (Ernesto Pérez Vallejo)

 

Me metí los dedos en la boca, quería que con el vómito se fueran todas las 20160224 Coral Setien Lastra Gvec1 Hambre Anoréxicapenas.-Todas tus penas-.No quisieron salir. Me arañaron tanto que terminé escupiendo sangre. No te vi dar vueltas en el fondo del retrete,solo se esfumó el orgullo.-El poco que me quedaba-.

 

Ahora un zumo bajo en calorías y algo de humo me quitan el sabor a vergüenza.

 -¿Recuerdas cuándo éramos nosotras  quienes nos fumábamos la vida?-. El dolor,

justo en la boca del estómago, me ha anclado al sofá.

 

Tengo el teléfono a 1,63 arcadas, o lo que es lo mismo, a solo un paso, y estas ganas de oírte comienzan a removerme los dedos de los pies.

 

La culpa me ha quitado kilos,solo tengo huesos picudos, de esos que tatúan,de esos que duelen, también de esos que aborrecías arrugando la nariz y cerrando los ojos.

He dejado moratones a todas aquellas almas que compartieron mi cama, para que no olviden tu (pr)esencia. El asco que me doy se ha quedado a dormir en mi tripa.

Me duele la culpa.

 

Quiero llenarme de humo todo el espacio extracelular que me queda, igual que cuando llenabas de velas aromáticas el dormitorio, donde tu pupila verde era la única que producía luz, donde estabas preciosa desnuda entre sombras -Y nunca te lo dije.

Aquí,  ahora caminan fantasmas con tu cara y tu nombre. Quieren parecerse a ti, o ser tú,-al fin y al cabo, no veo diferencia-.

 

Me recitan a Sastre, también a Irene, en un intento de engañar a mi hambre, como cuando escuchas tu canción favorita en una versión no original. Quieren traerme la primavera, a mí, ¿no te parece ridículo? que soy iceberg de asco, y me alimento de cigarrillos ligth.

 

Y, amor, me duele tu pena. Quiero que todo se marche, salga arrastrándose sin decir nada, como cuando das un trago de agua que discurre por tu garganta y avanza bajo los pulmones; arrastra lo sucio, pero el zumo es dulce y me quema.

 

Se me han dormido los dedos de los pies. En mi cabeza solo resuena tú número de teléfono: Un tono, dos, tres… Tu “Hola” me retumba en el oído y a mí se me caen las palabras. -Hola, soy yo. Me duele la tripa.

Deja un comentario