Billete de ida y vuelta, por favor.

Adrián Ventosa García, alumno de 2º de Explotación de Sistemas Informáticos, CFGM – Primer Premio

Continuamente tomamos decisiones a lo largo del día. Nos gusten o no sus consecuencias. ¿Pero, qué pasaría si pudiésemos volver atrás y cambiar de decisión…?

Barcelona, 17 de Noviembre de 2006

 

Como un día más, se presenta a su hora en la oficina del trabajo. Todo transcurre tranquilamente, pero lo que él no sabía era que ese día se le iba a quedar grabado en su memoria.

 

Son las  ocho menos diez de la tarde. Suena el teléfono. Gira la cabeza hacia su derecha para ver quién lo llama. Se muestra en pantalla “abuelo”… El teléfono no para de sonar. El entiende que está trabajando y no ve la necesidad de responder a la llamada. Sigue sonando el teléfono. Le dan ganas de anular la llamada, pero prefiere dejar que siga sonando el teléfono.

 

Los compañeros de trabajo le dicen que si quiere puede responder. Pero prefiere seguir con su trabajo y esperar a que lo vuelvan a llamar para responder.  Nunca hubo una segunda llamada. Siguen transcurriendo las horas y la tarde en su trabajo cuando nuestro peón decide que ya es hora de volver a casa. Sabe que la llamada queda pendiente pero ni se molesta en devolver la llamada, ha tenido una tarde agotadora y solo quiere volver a casa para descansar. El ingenuo del peón tomó una decisión que a la larga le iba a traer consecuencias que ni él mismo esperaba.

 

Barcelona, 18 de Noviembre de 2006

 

Una noche fría se nos presenta. Son las cuatro y media de la mañana. Suena el teléfono de casa. No hay ganas de levantarse y responder a la llamada. Sigue en su cálida cama. Vuelve a sonar el teléfono. Es una llamada larga y continua, pero el ingenuo del peón decide no responder a la llamada.

 

En esos momentos le pasan muchas ideas por su cabeza, ¿Quién será?… Pasan varios minutos tranquilamente cuando de nuevo vuelve a sonar el teléfono. Esta vez, y ante las continuas llamadas de  alguien,  decide responder. Con voz  adormecedora responde… Tras varios minutos de conversación se cuelga el teléfono.

 

En estos momentos la vivienda es rodeada por un fino hilo de silencio y de frialdad. Como si algo se hubiese tragado la vivienda. Las paredes blancas se aproximaban rápidamente a cada inquilino de la vivienda. Algo estaba pasando. Se podía respirar aire helador que se introducía suavemente en sus pulmones. Era un frío desgarrador. No hacia falta preguntar qué fin tenía la llamada pues los ojos del inquilino que respondió hablaban por sí solos. Se podía observar como se inundaban sus ojos en un  profundo mar azul, rostro pálido, temblor en las manos, derrumbado en el sofá…etc.

 

Así era; el abuelo había fallecido, aquel al que nuestro ingenuo de peón no decidió responder a su llamada el día anterior.

 

Ante la impotencia de saber qué hacer decidió volverse a la cama, a su cálida cama, para ver si se podía quitar esa frialdad que le recorría el cuerpo como la sangre recorre nuestro cuerpo. Se acurrucó con las sábanas para entrar en calor, pero todo era en vano, no había forma…. Se quedó bloqueado en la cama, sin saber si lo que acababan de presenciar era cierto o un simple sueño.

 

Varias lágrimas empezaron a recorrer su rostro, frías ellas como el resto de su cuerpo. No había forma de parar ese río de lágrimas. Se dio cuenta de que lo que acaba de presenciar era la realidad. Todo su alrededor se bloqueó ante él. Las paredes se alejaron ante sus húmedos ojos. Era consciente de lo que había pasado.

 

Barcelona, 17 de Noviembre de 2007

 

Estos dos días se le quedaron grabados en lo más profundo de su alma, a sabiendas de que no puede volver atrás y cambiar la decisión de responder a la primera llamada de un día como aquel. Siempre le quedará la duda y la pregunta… ¿Qué había detrás de esa llamada? Tal vez un adiós. Nunca lo sabrá, ¿son casualidades de la vida que la persona que fallece te llame en su último día y que seas tú  su última llamada?

Ahora es cuando el peón se plantea coger un billete de vuelta y obtener una respuesta, pero sabe que eso no puede ser. La impotencia y la necesidad de saber que había en esa llamada le supera cada 17 de Noviembre.

 

Simplemente, por no coger una llamada vive así cada día, con la incertidumbre de que un 17 de Noviembre suene de nuevo el teléfono y responder para obtener una respuesta. Aún sigue esperándola.  Lágrimas frías vuelven a recorrer su rostro, bajando lentamente para sentir aún más el frío por su rostro. Se le junta la impotencia de saber que fue a él a quien llamó y de que de él dependía únicamente responder. Dejó pasar la oportunidad. Tomó una decisión. La vida esta llena de decisiones, decisiones que marcan un rumbo en nuestra vida, decisiones que queramos o no decidimos elegir. No tenemos billete de vuelta para solucionar nuestro pasado o averiguar que pasaría si escogiéramos la otra opción.

 

Todos nosotros en nuestros malos momentos nos agarramos a lo que sea para intentar superarlo: familia, amigos, religión…, luchamos siempre contra nosotros mismos y ¿qué ganamos? Unos minutos de felicidad. Porque, aunque no queramos, nuestros temores siguen ahí.

 

Son decisiones que tomamos, unas buenas, otras con muchas dudas. A la larga… no tomamos decisiones incorrectas o ¿si? Tal vez todo lo que hacemos en nuestro camino por la vida tenga una meta, ¿Quién sabe…? Son preguntas con difíciles respuestas.

 

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