La generación burlada

Por María Pascual Guerrero, alumna de Gestión Comercial y Marketing (4º Premio)

Vivimos en un mundo en el que los grandes cerebros venideros plagados de creatividad, innovación e ideas que podrían revolucionar el mundo, son tratados como el último mono de esta sociedad. Cuando hace años los jóvenes eran “el futuro” del país, ahora quedamos relegados a ser vistos como los inexpertos, como ésos que no poseen recursos intelectuales suficientes como para poder aportar algo a las grandes y no tan grandes empresas

 

Debe ser que en esta época practicamos el botellón y nos cogemos algún que otro pedo y claro, eso no está muy bien visto. Como si nuestros antecesores no hubieran ido nunca a un guateque y se hubieran inflado a copas, ¡qué va! Pero eso sí, con más facilidades; ellos no tenían que pasar frío en la calle por no poderse pagar el estar tranquilo en un pub, tomando un copa y disfrutando de la música.

 

¿Todavía alguien cree que preferimos salir de fiesta a la intemperie? Es de locos. Además, la aparición de redes sociales como Facebook o Twitter ha contribuido a que los empresarios puedan obtener información de nuestras idas y venidas en tiempo de ocio, algo que antes era impensable al no existir documento gráfico que lo dejara reflejado.

 

Pero vamos al tema que nos ocupa. Cumplimos 18 años y, cargados de ilusiones, comenzamos una carrera o simplemente emprendemos unos estudios cualesquiera con la intención de labrarnos un futuro digno en el que, con el fruto de nuestro esfuerzo, podamos satisfacer nuestras expectativas profesionales y personales. Y digo personales también porque sin un trabajo nadie es capaz de conseguir la autonomía suficiente como para poder vivir su propia vida.

 

Pero no, tras muchos años de sacrificio descubres la cruda realidad. La impresora se satura de la inmensa cantidad de currículums que da a luz a la semana, al mes al año… y todo ¿para qué? Para que acumulen tu ficha profesional en un montón de papeles más de la empresa. Ahora que, si tienes la suerte de que te llamen es para ofrecerte un contrato basura en el que vas a cobrar el mínimo sueldo por el máximo trabajo, ¡muy razonable, sí, señor! Aunque, tonto de ti, piensas: “se empieza desde abajo” y, entonces, accedes.  Y es a partir de ese pensamiento cuando empiezan a aprovecharse de tu situación, de tu ingenuidad, de tus ganas por aprender… De tal manera que, bien por extinción del contrato, bien por abandono tras una sobreexplotación de tus jefes, vas acumulando en el currículum una sucesión de trabajos temporales que lo único que han conseguido es aumentar tu frustración.

 

E insistes, no te rindes y crees que “todos los comienzos son difíciles” así que sigues consultando ofertas de empleo: “queremos gente joven con un mínimo de dos años de experiencia en el sector”. ¿Cómo quieren que obtenga esos dos años de experiencia si lo único que hacen es ahorrar en personal bajo la técnica de “contrato a un trabajador diferente cada tres meses”? Es de chiste. Por no hablar de las entrevistas de trabajo: tienes que tener conocimientos de lo que has estudiado, de los estudios relacionados con el tuyo, de economía, administración, secretariado… En definitiva, creo que lo que me están pidiendo es que me convierta en una especie de superwoman con poderes mágicos capaz de realizar cualquier oficio en cuestión de segundos. Y por ahora, no veo la forma de conseguirlo.

 

La última fase del ciclo de la humillación profesional es la resignación. Tras maldecir una y otra vez a esta sociedad, decides asumir que es probable que nunca encuentres un trabajo fijo de lo que te gusta o que, si lo encuentras, será allá por la década de tus 30 primaveras o más. Así, ¡no me extraña que la edad media en la que los hijos se van de casa vaya en aumento!

 

¿Qué hacer mientras tanto? Es obvio que no puedes malgastar tu tiempo esperando a que el trabajo de tus sueños caiga del cielo, así que mientras sigues intentándolo, vive y sé feliz: sal con tus amigos, disfruta de la compañía de tus familiares, haz deporte, viaja y, como no, continúa ampliando tus conocimientos pues, como bien dice el refrán, “el saber no ocupa lugar” y, además, es una de las vías de enriquecimiento personal más satisfactoria que pueda tener el ser humano.

 

Deja un comentario