Las diferencias culturales y mi Aventura en Cantabria

Por Sidy Ahmeth Tine, alumno de GIAT 1 (2º Premio)

 

Me gustaría hablar de las diferencias culturales que he encontrado entre España y mi país, Senegal, pero sobre todo de mi aventura en Cantabria

 

Estamos en el siglo XXI y todavía algunas personas piensan que el mundo está reducido a su entorno.

 

Parece mentira que actualmente y existiendo la televisión, Internet y todo tipo de medios de comunicación Sidi Ahmeth Tinetodavía hay gente que no está dispuesta a aceptar que no hay ninguna cultura mejor que otra.

 

En este nuestro mundo existe una diversidad cultural muy grande y ni una sola de esas culturas es la perfecta. ¿Por qué? Pues porque no tenemos la misma manera de celebrar las reuniones familiares, ni las ceremonias religiosas, ni siquiera las actividades culturales. Así, un acto cualquiera puede estar bien visto en una cultura y mal visto en otra. 

 

Yo creo que conocer otra cultura es muy importante para aceptar a los demás y mejorar la convivencia de todos los pueblos.

 

Hoy en día se habla mucho de la globalización y sin embargo también hablamos de que el mundo se está haciendo más pequeño.

 

Cada cultura tiene sus cualidades y sus inconvenientes. “Es necesario enraizarse en las tradiciones antes de abrirse a los valores modernos” me decía siempre mi abuelo.

 

Además de dar mi opinión sobre las diferencias culturales que he encontrado y vivido, también me gustaría hablar un poco de mi aventura en Cantabria, en la que llevo casi cuatro años viviendo.

 

Vine desde París a Santander sin saber ni una sola palabra en castellano. Al principio estuve viviendo con mi tío y su mujer, que llevaban viviendo en CANTABRIA casi ocho años.

 

Mis seis primeros meses fueron los más duros porque no entendía el idioma y tampoco conocía a nadie aparte de mi familia.

 

En casa hablábamos francés o nuestro idioma maternal que es el wolof.

 

Así, fui a “Cantabria acoge” para poder inscribirme en clases y poder aprender el idioma y poco tiempo después empecé a clases en las “Escuelas Verdes”.

 

Mi tío trabajaba en el País Vasco y venía solamente los fines de semana a Santander. Yo me quedaba con mi tía y su hija. De los vecinos había siempre uno que venía a casa para charlar conmigo y por la tarde salíamos a tomar un café. A veces me invitaba a comer con su familia o a ir de fiesta.

 

Pero cuando realmente empecé a conocer mejor la vida de los cántabros fue desde el momento en que mi tío se trasladó a Álava con su familia y yo me quedé a vivir con  una familia española con la que estoy viviendo hoy en día.

 

Esta es como mi familia adoptiva ahora. He estado en muchos pueblos de Cantabria con ellos y no veo una gran diferencia con los pueblos de mi tierra aunque sí veo diferencias en las costumbres.

 

He podido ver cómo se celebran aquí las bodas, las fiestas folclóricas y cuáles son las costumbres cuando fallece una persona y se celebra su funeral.

 

Pero hay algo que se nota mucho aquí en Cantabria y es que la gente es muy reservada con los extranjeros. ¿Por miedo? ¿Por xenofobia? ¿Por ignorancia? No lo sé.

 

Hay algo que he oído a menudo y que creo que es verdad: “En Andalucía se tarda una semana para hacer amigos y en Cantabria un año”.

 

He estado en mi país con uno de los miembros de mi familia adoptiva y de vuelta a España ha regresado con otro concepto sobre lo extranjero. Desde entonces lo veo más animado a conocer otros modos de vida, otras culturas y otras costumbres.

 

Después de un tiempo he llegado a la conclusión de que los cántabros no son tan  cerrados ni son mala gente. Además, lo que más me gusta de ellos es que una vez que te acogen lo hacen para siempre. Eso, en mi cultura es un gran virtud, porque nosotros pensamos que los amigos son para siempre.

 

En mi caso, la verdad es que ya no me siento extranjero en Cantabria pero una vez fuera de la comunidad, me siento extranjero en España. Es algo que yo mismo no me puedo explicar.

 

Me enamoré de Cantabria, sobre todo de la zona de Liébana, donde están las raíces de mi familia adoptiva. Un pequeño pueblo que se llama lon.

 

Si pudiera mandar un mensaje a los cántabros, sería un mensaje de apertura, de dar un poco más de ellos mismos, aceptando que hay otros modos de vida tan interesantes como la propia.

 

Me gustaría escribir más sobre mi aventura en Cantabria pero como me decían mis abuelos “no todo se puede decir en la vida”.

 

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