El sueño sueña al soñador

Por Alberto Quintana Moral, alumno del ciclo GVEC 1º (accésit)

 

Mueres hoy, haz un breve repaso de tu vida: ¿Qué has hecho?, ¿qué consejos le darías a alguien?

 

Se sabe que mi abuelo era una persona muy extraña; pese a ser de pueblo cerrado y no haber apenas salido de ahí en sus 86 años de vida, a él le gustaba decir que era capaz de predecir Alberto Quintana Moral (1)el futuro. Le gustaba hacer pantomimas con una bola de nieve que tenía en su mesita, diciendo que podía ver el futuro a través de ella y que podía presagiar sucesos próximos. Nunca intentó averiguar el tiempo de la semana siguiente o el número de la lotería, para el sería haber hecho trampas; rara vez acertó una predicción y por ello no me asusté cuando me dio una carta que contenía la fecha de mi muerte.

 

Obsesivamente metí la carta entre las hojas de una enciclopedia y la ignoré por completo. Pasaron los años uno tras otro y dio la casualidad de que hoy, muchos años después, abrí esa misma enciclopedia por la página en la que estaba el sobre. Más que nada por curiosidad me decidí a abrir el sobre con la supuesta fecha de mi muerte, y ésta coincidía con la fecha de hoy. Mi abuelo nunca habia acertado una predicción, ¿por qué tendría que morirme hoy precisamente?, ¿sólo porque el sobre lo diga?

 

Claro que… ¿Qué podría pensar de mi la gente si muriese hoy?, ¿he hecho algo por lo que pueda ser recordado? No lo creo, al fin y al cabo mi vida siempre ha estado dando giros de 360 grados respecto a la mediocridad. Me gustaría pensar que fui alguien útil. Tal vez debería escribir una lista con todas esas cosas que he ansiado hacer para intentar hacerlas antes de medianoche, aunque no tengo suficiente dinero y mucho menos, tiempo para hacerlo. Ahora que lo pienso, he estado toda mi vida preocupado por decirle a esa persona que quería compartir con ella cada momento de mi vida y justo ahora, me quedo sin oportunidad de hacerlo – aunque a estas alturas ya poco importa– Ahora parece todo tan fácil…

 

Ocasionalmente me persiguen estos eventos del pasado a los que intento dar esquinazo; recuerdo una tarde en la que tras salir de clase, un tío con malas pintas me acorraló en un callejón y me insistió para que le comprase droga a punta de navaja; de puro terror le golpeé, salí corriendo y me quedé llorando en el portal de mi casa durante bastante tiempo. Luego me vio una vecina y me invitó a tomar un chocolate en su casa –al fin y al cabo la bondad es una virtud que nunca muere –

 

Pero… ¿Por qué esa persona quería hacerme daño? Ese rostro y esa sonrisa siniestra aun me persiguen en mis peores sueños, temo con encontrármelo de frente un día que esté por la calle, me vuelva a sacar la navaja y me la ponga al cuello; No obstante, supongo que eso ya poco importa, de hecho hoy precisamente me reiría de el. Al día siguiente fui a poner flores en la tumba de mi abuelo, y me acordé de la carta, pero la ignoré.

 

Recuerdo mi paso por la universidad, aprobado con notables para acabar trabajando de jefe de departamento en un supermercado. Yo no estudié para esto, yo querría haberme sentido útil para la gente, trabajar para ayudarlos, ¿de qué me sirvió estudiar si luego trabajé en algo que odio? Casualmente descubrí el teléfono de la esperanza y tras discutirlo con un amigo, decidimos entrar como voluntarios. Creo que ahí me sentí realmente útil por una vez en mi vida, quiero pensar que mis consejos le sirvieron a otras personas y que realmente fui útil, que alguien estaba necesitado de escuchar lo que tenía que decir. Creo que realmente fui más feliz haciendo desinteresadamente algo por lo que no me pagaban, que algo que no me gustaba y por lo que me pagaban.

 

Recurrí en su época a buscar la satisfacción en la soledad y en el aislamiento social. Dejé mi trabajo, dejé de ser voluntario, dejé marchitar mis relaciones con la gente, incluso con la familia, me recluí en mi casa y durante un tiempo estuve procrastinando de manera extrema. Mi única forma de pasar el día a día era dibujar, escribir y tirarme en un colchón escuchando música. Hoy me arrepiento absolutamente de ello, me he dado cuenta de que el tiempo que pasa es irrecuperable y que no puede ser malgastado. Podría haber cumplido algún sueño, podría haber estudiado algo más satisfactorio, podría haber desarrollado algún hobby de manera aceptable, cualquier cosa, pero eso ya da totalmente igual.

 

Oficialmente aquí estoy, sentado en la cama viendo como pasan las horas mientras recuerdo cada instante de mi vida, escuchando mis viejos discos de Belle & Sebastian, pensando en qué dirían de mi cuando yo no esté, esperando a que la predicción de mi abuelo se haga efectiva, preguntándome qué fue de todos esos sueños que quedaron sin realizar. Creo que puedo asegurar que al fin y al cabo los sueños sueñan al soñador, y en mi caso fueron todos sueños bastante difusos.

 

Un pensamiento en “El sueño sueña al soñador

  1. Alberto, ya eres alguien útil por el mero hecho de ser tú y siempre serás recordado por tu gente. El resto del mundo a veces no es necesario que te recuerde, de todas formas esa temporada de voluntario que tanta satisfacción te dio seguramente te sitúe en la mente de alguien a quien ayudaste en algún momento y se sentirá eternamente agradecido. Quédate con lo bueno.

Deja un comentario